En el Día Internacional de la Protección de Datos, que se celebra el 28 de enero, Brasil se enfrenta a una paradoja cada vez más evidente: si bien se consolida como uno de los países más avanzados en digitalización financiera, también se está convirtiendo en uno de los territorios más vulnerables a los ciberataques.
Aproximadamente 300 millones de datos personales de brasileños ya han sido expuestos en la web oscura, según un estudio de Proton realizado a través del Observatorio de la Web Oscura. El impacto financiero acompaña esta escalada: según un informe , el costo promedio de una filtración de datos en Brasil alcanzó los R$ 7,19 millones, lo que sitúa al país entre los más caros del mundo en lo que respecta a filtraciones de datos.
Según los expertos, este escenario no puede considerarse un conjunto de episodios aislados, sino un problema estructural. «Brasil ha atraído mayor atención de grupos maliciosos debido a su rápido avance en la digitalización de servicios esenciales, como pagos, crédito e intercambio de datos. Este movimiento ha traído consigo muchos beneficios, pero también ha generado importantes desafíos en materia de seguridad de la información, que aún evolucionan a ritmos diferentes en los distintos sectores. Factores como las grandes filtraciones de datos, la rápida expansión de PIX y las finanzas abiertas, junto con los diversos niveles de madurez en la protección de datos entre las empresas, ayudan a explicar algunas debilidades en el ecosistema digital brasileño», afirma Fernando Corrêa, experto en ciberseguridad, CEO y fundador de Security First.
Digitalización acelerada y superficie de ataque ampliada
Brasil se ha transformado rápidamente en un laboratorio de innovación financiera. El PIX registró aproximadamente 313,3 millones de transacciones en un solo día, el 5 de diciembre de 2025. El sistema de pagos instantáneos del Banco Central cuenta con más de 1.500 millones de claves registradas y 170 millones de usuarios individuales, según datos del Banco Central (BC).
Al mismo ritmo, Open Finance superó los 143 millones de consentimientos activos y aproximadamente 70 millones de cuentas conectadas, con la participación de más de 800 instituciones, según información también publicada por el Banco Central.
Este avance, si bien es claramente positivo para la eficiencia del sistema financiero, también ha contribuido a ampliar la denominada "superficie de ataque", un efecto previsible en entornos cada vez más digitales. "Las empresas de distintos sectores manejan a diario grandes volúmenes de datos sensibles, desde información de registro hasta hábitos de consumo y preferencias personales. Cuando se producen incidentes de seguridad, las consecuencias tienden a propagarse con mayor rapidez, favoreciendo fraudes más complejos. En el sector financiero, que opera con transacciones en tiempo real y gestiona recursos directamente, estos desafíos requieren una atención constante, ya que los ataques tienden a ser más frecuentes y dirigidos", afirma Fernando Corrêa, de Security First.
El sector financiero, en el centro de los ataques
El Informe de Seguridad 2025, elaborado por Check Point Software, revela que entre septiembre de 2024 y febrero de 2025, cada institución financiera brasileña sufrió un promedio de 1752 ciberataques semanales. Este volumen sitúa a Brasil a la cabeza del ranking mundial de ataques al sector financiero, superando el promedio mundial registrado en 2024, que fue de 1673 ataques semanales por empresa. Según el informe, este incremento se relaciona con el rápido avance de la digitalización en el país y la explotación de vulnerabilidades en aplicaciones web, API y servicios de uso generalizado como PIX.
Casos concretos refuerzan la gravedad del problema. Uno de los episodios más emblemáticos de 2025 fue la intrusión en C&M Software, empresa encargada de salvaguardar las transacciones PIX entre entidades financieras y el Banco Central. El ataque se produjo mediante el uso indebido de credenciales internas, con la participación de un empleado, y resultó en la vulneración de las cuentas de reserva de al menos seis entidades financieras, entre ellas BMP, Banco Paulista, Credsystem y Banco Carrefour, según informó ESET.
“Es fundamental que las empresas y los consumidores comprendan el valor de los datos que generan y comparten. El nombre, la dirección, el historial financiero y los hábitos de consumo deben tratarse como activos críticos, de acuerdo con la LGPD”, subraya Murilo Rabusky, director comercial de Lina Open X.
Para Murilo, la vulnerabilidad de Brasil no se explica únicamente por fallas tecnológicas, sino también por el escaso conocimiento que tienen los usuarios sobre el valor de sus propios datos. “En un entorno cada vez más digital, los consumidores desempeñan un papel fundamental en la protección de la información que comparten. Es esencial conocer sus derechos —como el acceso, la rectificación y la supresión de datos— y adoptar buenas prácticas, verificando la legitimidad de las empresas, utilizando canales seguros y comprendiendo cómo y por qué se utilizan sus datos”, afirma.
Fraudes multimillonarios y la migración del crimen a las billeteras digitales y los criptoactivos
El avance de los métodos de pago digitales —que incluyen bancos, billeteras digitales, PIX (el sistema de pago instantáneo de Brasil) y criptomonedas— ha brindado mayor eficiencia, rapidez e inclusión financiera a millones de brasileños. Simultáneamente, como ocurre con cualquier ecosistema financiero en expansión, también han surgido intentos de delincuentes por hacer un mal uso de estas tecnologías. Sin embargo, lo fundamental es que el mercado ha evolucionado constantemente en términos de infraestructura, regulación y seguridad, con fintechs, infratechs y exchanges invirtiendo continuamente en la prevención del fraude, el monitoreo de transacciones y la capacitación de los usuarios.
Sin embargo, el delito digital en Brasil ya no se limita al fraude bancario tradicional. Con la popularización de las plataformas de pago instantáneo y los activos digitales, los ciberdelincuentes han comenzado a explotar entornos de alta liquidez y velocidad de transacción, no por debilidades en la tecnología en sí, sino mediante el uso de ingeniería social, errores humanos y cuentas intermediarias.
Según Serasa Experian, se esperaba evitar que más de 70 mil millones de reales cayeran en manos de estafadores para finales de 2025. Aun con este esfuerzo, el sector financiero registró un aumento del 21,5 % en el fraude en 2025 en comparación con el año anterior, impulsado principalmente por estafas que involucran transferencias instantáneas, mensajes falsos, contactos no solicitados y falta de verificación de usuarios; prácticas que afectan a bancos, fintechs y plataformas digitales en general.
En el caso de los criptoactivos, investigaciones recientes indican que pueden utilizarse como paso previo en esquemas de lavado de dinero, especialmente cuando existe falta de conocimientos técnicos o negligencia por parte del usuario. Sin embargo, los expertos destacan que el mercado de criptomonedas es actualmente uno de los sectores que más invierte en trazabilidad, cumplimiento normativo y herramientas antifraude, con transacciones registradas en la cadena de bloques, monitoreo continuo y acción conjunta con las autoridades.
Más que desconfiar de la tecnología en sí misma, la atención debería centrarse en cómo el usuario interactúa con ella: desconfiar de los mensajes no solicitados, verificar los patrones de comunicación del banco o la plataforma, no compartir datos y utilizar únicamente empresas reconocidas con estructuras sólidas de seguridad y prevención de riesgos.
Ransomware e inteligencia artificial: una amenaza en múltiples frentes
El auge del ransomware —un ciberataque en el que los delincuentes se apoderan de datos o sistemas y exigen un pago para su liberación— es otro factor que ayuda a explicar por qué Brasil ha entrado definitivamente en el radar del cibercrimen mundial.
Según Juniper Research, las pérdidas globales causadas por el fraude digital podrían alcanzar los 400.000 millones de dólares estadounidenses para 2027, impulsadas por la creciente digitalización y la sofisticación de los métodos de ataque.
“Las tácticas de fraude evolucionan constantemente, y los delincuentes utilizan tecnologías cada vez más avanzadas para engañar a sistemas y personas. Esto genera importantes pérdidas financieras, aumenta los costos operativos, sobrecarga a los equipos con investigaciones manuales e impacta directamente en la confianza de clientes y socios”, explica Lucas Monteiro, líder de Martech en Keyrus.
Mientras tanto, la Inteligencia Artificial (IA) ha transformado el panorama de las estafas digitales. En Brasil, los deepfakes crecieron un 830 % entre 2022 y 2023, según el Informe de Fraude de Identidad , y se producen cinco veces más frecuentemente que en Estados Unidos.
«Casos como la imagen falsa del Papa Francisco con una chaqueta Balenciaga o los vídeos manipulados de explosiones en el Pentágono demuestran cómo el contenido sintético puede impactar en los mercados financieros y la opinión pública en cuestión de minutos», ejemplifica Kenneth Corrêa, ponente sobre Inteligencia Artificial, especialista en datos, profesor de MBA en la Fundación Getúlio Vargas (FGV) y autor del libro «Organizaciones cognitivas: Aprovechando el poder de la IA generativa y los agentes inteligentes.
En 2024, la empresa británica Arup transfirió 25 millones de dólares a estafadores tras una videoconferencia con ejecutivos generada íntegramente por inteligencia artificial. En Brasil, los delincuentes también han comenzado a replicar la imagen y la voz de periodistas y políticos para cometer fraudes financieros.
“Es fundamental que estas tecnologías se implementen de forma responsable, siguiendo los principios de equidad, inclusión y rendición de cuentas. El uso ético de la IA debe ser el eje central de la transformación digital”, subraya Kenneth Corrêa.
LGPD, concienciación y el eslabón más débil
A pesar de los avances regulatorios, el grado de madurez sigue siendo desigual. Cinco años después de la entrada en vigor de la LGPD (Ley General de Protección de Datos de Brasil), aproximadamente el 80% de las empresas brasileñas aún no cumplen plenamente con la legislación, según una investigación del Grupo Daryus.
Desde la perspectiva del ciudadano, el desafío es aún mayor: el 20% de los brasileños desconoce la LGPD (Ley General de Protección de Datos de Brasil), según Kaspersky, mientras que los datos de DataSenado indican que el 24% de la población ya ha sido víctima de estafas digitales.
Según Lucas Monteiro de Keyrus, el equilibrio entre la privacidad y el uso estratégico de los datos requiere una gobernanza sólida y una inversión continua. «Cuando un consumidor comparte datos en un sitio de comercio electrónico o un programa de fidelización, necesita sentirse seguro. Al mismo tiempo, las empresas necesitan estos datos para personalizar las experiencias. El reto reside en crear un entorno de confianza, con anonimización, consentimiento claro y políticas de seguridad robustas», señala.
Un problema estructural y colectivo
El avance de las finanzas abiertas y la digitalización financiera no debe interrumpirse, pero debe ir acompañado de gobernanza, seguridad y transparencia. Un estudio revela que el 90 % de los consumidores brasileños considera la protección de datos fundamental para confiar en las empresas, a la vez que exige experiencias personalizadas.
«Estamos entrando en una era en la que la privacidad ha dejado de ser un mero derecho para convertirse en una expectativa básica de la experiencia digital. Sin embargo, esto solo será sostenible si la seguridad de la información se trata como un pilar estratégico y no como un coste operativo», subraya Lucas Monteiro.
Según Fernando Corrêa, de Security First, afrontar este escenario requiere un cambio de mentalidad. «La transformación digital es irreversible y ha aportado beneficios innegables a la economía brasileña. Pero sin seguridad, gobernanza y responsabilidad en el uso de los datos, el país seguirá aumentando su vulnerabilidad. Proteger la información debe convertirse en un compromiso innegociable para las empresas, los gobiernos y la sociedad en general», concluye.



